He ido apuntando algunas cosas. También son sensaciones. Centauro. Ahora escribo: el ordenador en el que me siento, el número once. Un azar. Gaviotas en el ordenador. Ahora escribo: cuatro fantásticas fotografías de un ave, de un grupo de aves. Tracia me estaba esperando allí. Por fin estática en su incansable vuelo. Sobrevolando en grises una pantalla de bits… un fragmento del libro de Richard Bach guardado en un documento… Otro libro suyo que recuerdo y que tengo pendiente: ’Puente hacia el infinito’. El fracaso del convenio de Nora. No se cumple. Ahora escribo: ella recorta un anuncio del periódico. El anuncio dice: ’Si todavía no te has divorciado y quieres hacerlo… ponte en contacto con nosotros. Te ayudaremos’. Es de la oficina de la mujer. Nora vuelve a estar triste. El fin de semana la ha desequilibrado de nuevo. Quizás algo que comenzó el viernes. El sufrimiento. Otro tipo de sufrimiento. Uno que yo conozco bien porque lo viví… Lo viví con ella. Lo viví con otras mujeres. Y ahora no sufro. Estos días no. Desde el viernes. Cuando me estoy tomando un vino en una taberna de un antiguo barrio medieval. Sentada sola en una mesa. Miro a la calle. Marco un número. Es mediodía. No llego hablar. No dejo que el contestador salte. Escribo luego un mensaje corto. Habla de una proposición…

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Other side of the world K.T. Tunstall

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Me reconfortan mis cursivas azul y mi voz verde… recordando… pero me reconfortan verdaderamente sólo a partir de su respuesta.