Años atrás y a raíz de leer ‘El Alquimista’ de Paulo Coelho transcurrí plácida por una época en la que me interesaron mucho sus libros que no su literatura. Y ya sé que ese autor no tiene nada que ver con Saramago, por supuesto, y que es a quien estoy leyendo en el momento actual y del que me va a gustar hablar porque en él habita una mujer con poderes: Blimunda. Pero en aquel tiempo la levedad de Pablo Coelho me sentó muy bien. Y en ‘Brida’ encontré algo que me llamó la atención pero que todavía no he probado y que es casi lo próximo que tengo ganas de experimentar. Pues bien, cuando Brida logra ser recibida por Wicca, la que se convertirá en su maestra, recibe dos nuevos conceptos: que ‘la Otra Parte’ es lo primero que las personas aprenden cuando quieren seguir la Tradición de la Luna. Y que hay que acostumbrarse al hecho de que muchas cosas en la magia no son ni serán nunca explicadas (o explicables) Pág. 43.

– Presta atención, jovencita -dijo Wicca con severidad-. Todos los días a partir de hoy, a la misma hora que tú elijas, quédate sola, y extiende una baraja de tarot sobre la mesa. Extiéndela al azar, y no intentes entender nada. Limítate a contemplar las cartas. Ellas, a su debido tiempo, te enseñarán todo lo que necesitas saber en ese momento (Pág. 46)

Y así ingresó Brida en el ritual. Acostándose a las diez, poniendo el despertador a la una de la mañana, preparándose un café para despejarse y quedándose frente a una baraja callada por espacio de media hora y así fue hasta la sexta noche, donde tiró todas las cartas al suelo irritada ante tanto silencio. En ese instante pensó que las cartas por fin iban a proporcionarle una inspiración mágica pero no fue así. Y las cartas continuaron guardando celosamente su secreto. En fin, abrevio, que Brida estaba segura de haber dado lo mejor de sí pero después de semanas todos sus esfuerzos habían resultado infructuosos, e incluso las tres últimas noches había llorado lágrimas de frustración sintiendo su desamparo. Porque la vida como era una constante en ella la trataba de un modo que sentía distinto si se comparaba con las demás personas: ‘le daba todas las oportunidades para que pudiese conseguir algo, y cuando estaba próxima a su objetivo, se abría la tierra y se la tragaba’ (Pág. 54)

Entonces pensó en desaparecer y evitar así el encuentro con Wicca que había sido fijado para el día siguiente, pero armándose de valor marcó su número.

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