YULUNGA

Si te atreves… hoy sólo me encontrarás indescifrablemente escrita… en lenguaje poético… entonces, pero sólo si osas, sigue adelante… y antes… no digas que no te lo advertí… leete ese inminente e imprescindible primer asterisco:

* Nota introductoria

TÉCNICA DE ESCRITURA EMPLEADA PARA HACER DESCIFRABLE EL TEXTO:

– Visualización y audición primero del tema ‘Yulunga’ de Dead can Dance.

– Toma de apuntes en ese instante.

– Suma de recuerdos de la madrugada de ayer, de sensaciones.

– Rellenado de color con paleta múltiple de múltiples personalidades.

Escribiéndose en lenguaje poético…

martes, 26 de diciembre
Estamos hablando de que eso que creíste un mar bravío eran las nubes fagocitando las cumbres ariscas y ebrias de las montañas… o quizás el cráter de un volcán no extinto, magma incandescente, impune, fumarolas que alumbraban… como señales bastardas, columnas de vapor vaporoso y áureas brisas paradigmáticas
Equívoco dolmen de luz, ese eclipse de Dionisio, que explota esplendoroso y erróneo en lo primigenio y en lo oscuro de un anochecer de diciembre. Yo, Él, bebiéndole, barra, punto y coma, pueril guión, y si quieres un paréntesis, me..te…su… quizá doremifasolasí, sangre de la vid fermentada en mi boca, vándalo sobre los pezones tensos, cómo no, henchidos de algo similar al amor, ya lo sabes, con esa esperma esperanza. Tomados al asalto, intempestivos por el asombro de las bocanadas, temporales adheridos ahí, como ifigenias ya a su orbe; ciervas en Tauride, las no sucedidas, o albergue insomne para mentes prodigiosas de mujer vieja, angostada el alma como una salamandra diencefálica, en la melancolía enfática del llamear alquímico… críptica clépsidra, ungida de fábulas, a ti que quise escucharte pequeño, niño eterno, estrellándote en mí con el alarido de una enana gigante.
Transitan o transcurren o anidan deambulando las bandadas…. Recordar eso, que esa no era la intención, asustar a sus aves proverbiales… ritmos africanos entonces con vaivenes; y andanadas sensuales hechas labios púrpuras, fugaces, gruesos de aquella, purpúreo deseo entonces, no tan lejos, nunca tan cerca, finos aquí, como angustias que se excluyen, en este punto de inflexión, y estupor, que me doma alguna astilla herida para que grite el halcón, que me sobresalta en los dedos, su murmullo de escándalo.
Derviches abrazando el éxtasis imaginario en su Dios. Opaco Aliento raído de crepúsculo y aroma de violáceos augurios dolientes malvas. Tú que me lo contaste, como me contabas algunos cuentos dulces y de fantasmas obscenos; y yo que te sonreía, mientras hubieras querido que me quedara dormida y no encantada, como una casa. Y yo que me dormía abrazando tus caderas en la luna de agosto, como si todo tú fueras un oso de peluche feroz y yo tu cavernaria miel de la Arcadia. Te remito a un cuadro de Poussin, a una inscripción no metalurgica, mortal y legendaria, en tierras felices y legendarias y a pergaminos. La Muerte tan presente en cada momento, en cada párvulo y apabullado instante. Todo era aquí y ahora, decías, todo lo que te llevabas, lo que no pertenece. Despedidas introspectivas en donde lo que anidaba eran las dudas, como andamiajes de holandeses errantes. Nostalgia, sí, por qué no, de aquellas darbukas que recibía por correo escasamente escaso, luego, pero empapadas de loops, y que parecían humedecer aún más tu desdén del amor como yo lo comprendía. Vuelo de las togas albas y abluciones secas. Espirales de brazos y abrazos. Diametralmente opuestas a ti y a mí, y creo que incluso a Él, ahora.
Tribus negras en lineales rojos y azules intensos. Todo lo antónimo y contradictorio y complejo de los pasajes venturosos, de los corredores venturosos, de aquellos galeones que quería surcar por ti. Tú pensando en mí desde el suelo de Angola, donde el miedo era casi una impertinencia pero se sentía; algún día antes de los penachos de plumas que me describiste después omitiéndote, gallinas en pucheros sacrificiales, y que debiste deletrear alfanuméricamente si mi cariño te importaba. Aristas de los pasos del guerrero o de las shemales tribales. Fervientes, también neozelandeses, como un otoño extraviado de ramas de algún patriarca pobre; entarimados en los bosques donde habitan los koalas suicidas y ese otro mamífero de nombre impronunciable. Dilo, tilonorrinco. Pregúntamelo otra vez: ¿qué me quieres, amor? Cuanta mala leche, sapo. Espiritrompas y lanzas que me lanzas.. O un Toluga recondito y aborigen, terco en rendirse, sitio de locos. Plaza y cataratas acústicas, mágicas en los irisados del prismático espectro. Espiadas por un rostro rojo y tan vértice y vórtice como el mío, cuando me escapo de la infancia… dónde querría verte… si me prometes, solemnemente, como tú a veces lo parecías, que sólo buscarás ternura cómplice y risas de esas que estallan en orgasmos de carcajadas y oleoductos.
Porque hay una risa emperatriz, que surge como un pájaro bobo. Casi a las cuatro de la mañana, pájaro no espino, pájaro no súbdito, ni cardenal cebado en lujos. Los pies fríos en la cama. La imposibilidad de dormirse. Me levanto a echar un cigarro y le doy un clic o dos a eso tan práctico que enciende dos barritas incandescentes.. El decente calor inmediato es casi lo que más me gusta, en el incontestable invierno norteño, de la tecnología del futuro, del progreso, eso y estas ventanas… y me paso por algunos blogs, y por algún hábitat… Los hipocampos han dejado de ser merodeados en sus moradas. Me olvidé de Eze Q., el cubano y de su terraza antes de finales del verano. No escucho jazz desde entonces, mimetizada por el mosaico y entre las enredaderas de geranios que recrean las sombras chinescas de la noche. Y me Alegras, entonces me Alegras, como hace arrobas de luciérnagas y de andares paseantes … pensando y no pensando…
Pero yo ya lo sabía. Que la razón de toda esta risa que me galopa, que se me escapa, que no domino ni finjo a placer… que se asemeja al reflujo de las mareas, a la que no doy fusta ni tregua, ni escampo… que lluevo, que lluevo, intermitentemente como un aguacero, era del Dolor, tanto dolor, un sinfín de sufrimiento, tan emocional y tan esmerado…

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*Post Scriptum: TQ, todavía. Acuérdate, si te animas a escribirme proponiéndome algo o Algo. Yo no lo haré. Estoy harta de dar tantos infinitos pasos. He vuelto a mi suelo destartalado de desvencijada buhardilla agnóstica, aquella en que crecí, y me arrastro por él, contenta y confiada… casi como antes de que me obligaran a abandonarlo. Y luego llegaron las paredes. Aunque eso a ti nunca te lo conté.
** Post Scriptum: Besos, muchos, desde esa víscera mútua y mísera, que atesoró todas aquellas sonrisas que nos dirigimos cuando no éramos sólo dos extraños y habitábamos en algún lugar muy allegado al paraíso
*** Post Scritum: Estoy que araño, como las arañas. Necesito follar. Tú verás, o alguien verá, o yo veré. Pero ya me duele y se me incrusta, eso que no tiene ningún dueño… como un papiloma.
la Roja

 

 

**** Se guarda aquí con cariño también la dedicatoria que Bea le regaló a la Roja junto con este tema de Dead can Dance, según ella grupo inclasificable donde los haya, ‘Yulunga’:

‘a una maga, porque ella sabe sintiendo, no le hace falta ver. La gente, la humanidad entera… atrapando sueños’

***** Y este apunte, robado ya no sé dónde, sobre ‘Dead Can Dance’

Grupo de música heterodoxa, formado por Lisa Gerhard
y Brendan Perri en 1984.

La perfecta combinación entre la oscura entraña de la máquina y el misterio luminoso de la muerte, la electrónica y el medievo. La voz de Lisa Gerhard es única, por su inombrable grito llegan trenzadas la danza y la sanación, la plegaria y la magia. Gótico jardín de las delicias, suena el Sanvean y la sibila desciende los peldaños del alma, Yulumga, Cantara-, hasta prestar su cuerpo y su voz a los muertos, los muertos que bailan