Saudek

– JAN SAUDEK

A Maslo, Todo Tetas y Culo, le había conocido por Internet. Fue en aquella época, en que todo su interés por el mundo virtual empezaba a declinar… y la Roja y ella se reencontraron. Un día cualquiera por la calle, se vieron venir de frente. La Una miró a la otra. Se hicieron un gesto con la cabeza. Entonces, afloró una sonrisa temblante en las dos y se dieron un abrazo sin palabras. Eso fue una especie de reconciliación entre Ellas, y ni Todo Tetas y Culo le dijo a la Roja, que lo sentía por las muertes anunciadas … ni la Roja tuvo que darle ningún tipo de explicación, de lo ocurrido, para que Todo Tetas y Culo le perdonara los naufragios. Y así fue como no volvieron a hablar de ello…

A Maslo, un par de meses más tarde, le fallaron las piernas. Y también algo más que eso en la penumbra de la habitación.

Maslo era neuropsiquiatra. Y cuando la Roja se enteró de aquello … rió y rió, y no podía dejar de reír. Eres acojonante tía -le dijo a Todo Tetas y Culo. Pero bueno, ¿tú cómo te lo montas que siempre les intimidas? Pero de éste, es cierto, quién lo iba a pensar…

Podría decirse que las dos eran de rompe y rasga. Pero donde a la Roja sólo le aguardaba el sentimiento de esconderse, de desaparecer del mundo, de emigrar a no se sabe bien qué universo o estado inexistente… a Todo Tetas y Culo lo que le entraban eran unas ganas terribles de perpetrar atracos a mano armada. Yo que sé… ¡Hombres! ¿Tú les entiendes? Y siguieron riéndose juntas un poco, quizá de todo, y un mucho, como siempre, de la Nada.

La risa era una experiencia curativa para ambas

Y llorar por los hombres, por cualquier hombre, no entraba dentro de los cánones de la lógica aplastante de Todo Tetas y Culo. Y podría decirse que si algo no soportaba, ésta, precisamente de la Roja, era verla sufrir, porque el cretino de turno, no fuera capaz de comprenderla; o porque en el fondo no hubiera hecho más que joderla, aprovechándose de su buena fe. Ahora que la otra estaba avisada. Porque el problema, Todo Tetas y Culo, sabía bien que era de la Roja, porque irresponsable como era… cuando amaba lo hacía sin mediar distancias y a ojos cerrados. Ni venda necesitaba siquiera la muy gilipollas. Miraba al horizonte o a cualquier punto fijo, se le volaba la vista y allá va, que enseguida comenzaban las estrellitas, las moscas o los destellos de los que hablaba la Roja, y que presagiaban un próximo y certero descalabro emocional. Entonces sí, Todo Tetas y Culo era dura con ella. Ya te lo dije, idiota. Pero si se le veía venir. ¿No te lo avisé…? Pero daba igual, era como chocarse contra un muro. A la Roja cuando se le metía algo entre los ventrículos y la aorta era difícil convencerla para que diese marcha atrás. Amar es dar -le respondía entonces. Y tan difícil como cuando a Todo Tetas y Culo se le metían los señores de la guerra entre ceja y ceja, porque alguien le había inflado los ovarios, o la Roja misma: ¿Pero cuándo te darás cuenta putaimbécil de que tu no eres una Amorosa?

A Todo Tetas y Culo, como a la Roja, la poesía de Sabines también le gustaba. Y ellas se entendían… Y si algo le gustó de Maslo, fueron aquellas carcajadas brutales que también ellos dos rieron juntos luego a la noche en la cama; cuando ella le habló de como había sido su vida hasta entonces, en la pequeña ciudad que la había visto nacer.

Las risas que sólo ríen los colegas del alma.

La misma risa que TodoTetas y Culo solía reír con la Roja. Y fue eso, y no ninguna otra sensación… lo que hizo que Todo Tetas y Culo se decidiera a presentarle a la Roja a Maslo… y así fue como los tres…

Pero Todo Tetas y Culo sólo se dio cuenta de lo importante que era el extraño de ojos azules para la Roja, cuando ésta le dijo muy seria: prefiero que te salgas de esto. A Él no quiero compartirlo contigo. Y ahora vete lejos.

Así que como Todo Tetas y Culo ya estaba muy hecha a la sed de absoluto de la Roja y a esa necesidad intermitente suya de encerrarse solitaria en sus almenas de amor… hizo las maletas, y le dejó una nota de despedida en la línea sarcástica acostumbrada.

‘Tranquila. Voy a estar muy entretenida. Me voy a mis mazmorras a ocuparme de tus asuntos pendientes. Tengo algunos capullos que parecen estar reclamando mi presencia inmediata. Ya tú sabes…’