Malevolia

Hoy Fiorella dio con un recuerdo embotellado de cuando loca, como sólo saben estarlo los Enamorados, divagaba… tanto divagué por ese loco Amor: Lisboa

 

LO QUE HAY QUE FOLLARSE

… una historia… en parte mía, en parte de una amiga de Zapatecas (creo que era entonces) que amaba a un Cubano. Nunca le había visto pero lo amaba… iban a encontrarse… iban a amarse en el acabarse del Exilio, en su tregua… Y me regaló un poema de Sabines, Los Amorosos’. No fue una lectura lo que yo hice en ese audio… fue un dejar que el sentimiento inundase el cauce de todos los pensamientos futuros, infuturos, Vividos… darle curso a mi juventud en aquel amor… Me tocaba hondo. Mucho.

El otro día descubrí a Malevolia (Mi vecina Martier), como ella dice, ahora que sabe leer. Yo os dejo sus dos lecturas, y espero que como ella, algún día, el sentimiento me acompañe… vuelva a acompañarme, saber jurarlo, ese poema, no declamarlo, jurarlo, desde el putoAlma. No os lo perdáis en Malevolia porque es extraordinaria. Y espero… poder lograr una progresión igual. No como… sino como Amante, amorosa amante. De todas formas creo que a Ella aún le quedaba para saber interpretar ese ‘me muero, memuero… ‘ , se moría… la experiencia… como a mí … me queda todavía morirme igual, en el mismo instante. Siempre, un amoroso, tiene algo que esperar, siempre lo imposible … el Amor

Malevolia

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Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre «¡qué bueno!» han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.