He estado con Susana en la ciudad de Falbalá. Hemos ido a parar al puerto, lo primero. Me ha regalado un libro que compró para mí estas Navidades. Un precioso libro sobre Klimt, con muchas de sus pinturas y una explicación de cada cuadro, y lo ha hecho porque sabe que a mí él me gusta, porque a veces elijo cuadros suyos para mis diarios. Me encantan los detalles sinceros. Aquella mañana iba con sus padres y ella no dudó ni un segundo de que a mí me encantaría tener ese detalle suyo (eso es conocer), y creo que esos son los únicos regalos que me gustan.

 

Las cosas que ves de repente y te hacen pensar en una persona…

Yo, los atrapasueños los conocí así. Un día de hace unos meses vi un elefante portavelas con la trompa alzada y de color ébano y tuve (obsérvese el matiz) que entrar en aquella tienda para comprárselo a mi madre.

 

A mi madre le gusta quemar velas y le gustan los elefantes que tienen la trompa alzada.

Es una mujer muy supersticiosa y es quién me inculcó todos esos miedos estúpidos que no sirven para nada. Por ejemplo, que se te derrame el aceite, un disgusto, que se te derrame el salero sobre la mesa o mientras cocinas, otro disgusto, y entonces gírate rápido y tira por detrás del hombro un puñado pequeño de sal o si no, corre a por el azucarero y déjate caer por encima unas cuantas pizcas de azucar… Y que pises una araña en la casa por la noche y te la cepilles aunque sea sin querer, una desgracia, o peor que rompas un espejo, siete años de disgustos, mala suerte y desgracias (aunque ella incluso catalóga los cristales como espejo pero esos están menos »penados»).

La casa es un auténtico peligro, desde luego, porque hagas lo que hagas casi que vas a disgustarte, bueno vas a disgustarte aunque tú no quieras porque todas esas cientos de cosas más que ella siempre se Sabe (y tú no, y eso que quede bien claro. ¿Se me nota la ironía?), esos cientos de cosas que pueden traerte disgustos y desgracias suelen ocurrirle a cualquiera varias veces al día.

¿Y barrer de noche? Eso si se te ocurra. Eso podría y resultar terrible y ‘NO POSES EL BOLSO EN EL SUELO’. Menudo grito que me ha pegado, pero por qué… porque es malo, ¿quieres morirte?, te dice ella y ayer con Susana no lo posamos, lo tirábamos directamente en la acera junto con el abrigo… ya, estoy loca, pero era que me sentía feliz: acababa de recibir un mensaje de móvil, era la una del mediodía, un mensaje del hombre crepuscular, el primero, antes nunca nos habíamos comunicado por teléfono y el teléfono es distinto…

porque puede ocurrir lo de ayer, que te estés sacando fotos por el puerto con una amiga para exorcizar ‘los fantasmas de la última mala aventura en la que se te ocurrió embarcarte’ y que de repente ella, partiéndose el culo, se ponga a disparar »flashes» a tu cara porque dice que nadie debería perderse una cara así, como la que tú has puesto cuando recibiste el mensaje.

Y yo la he llevado a hacer el mismo recorrido que hice con Tervoch pero a la inversa. Le he enseñado el edificio con la escultura de las algas marinas, el que me trajo al recuerdo esas palabras de Carmen Kurtz, la autora de ‘Duermen bajo las aguas’

Carmen Kurtz, ¿ recuerdas?. Te lo dije a ti: ‘Duermen bajo las aguas’. Y más al fondo… ‘¿Pero tú qué miras a mí o a …?. No recuerdo como termina su frase pero yo le digo que lo miro todo, eso, aquello, a ti y sobre todo a las montañas en el horizonte lejano mientras el sol se pone sobre ellas, un mundo de sesgadas líneas malvas, ciclamen y rojos que anuncian vientos. Lo mío es una persecución sin tregua de la belleza, y hace unos minutos también acababa de decirle que había sido una lástima no animarme a traer la cámara. A nuestras espaldas hay una especie de fortaleza derruida (ahora ya apenas la recuerdo, podría haber sido cualquier cosa) y eso es lo que a mí suele atraerme fotografíar de los lugares. Muros desvencijados, quicios desde ángulos extraños. Los goznes, la madera, los marcos carcomidos, la piedra, eso que después de todo… permanece. (13/01/05)

Y las gaviotas han chillado sobre nuestras cabezas, y ella entonces me dice que desde luego veo cosas en las que ella no se habría fijado.‘Sólo nos falta el olor de la saliva’, le digo yo. El salitre golpeaba el aire. ‘Y bueno, las montañas y los colores sobre las montañas. Esos tendrás que imaginártelos porque la hora no es la misma’. Lo que si hicimos fue fotografiarnos en el antiguo fuerte militar. Nos sentamos a horcajadas sobre los cañones y sobre todo reímos. Reímos con tantas ganas que tuve la sensación de que el mundo era un carrusel y de que la tierra giró…

la tierra

La Tierra giró para cercarnos
giro sobre si misma y en nosotros
hasta juntarnos por fin en este sueño
como fue escrito en el Simposio.
Pasaron noches, nieves y solsticios;
pasó el tiemop en minutos y milenios.
Una carreta que iba para Nínive
llegó a Nebraska.
Un gallo cantó lejos del mundo,
en la previda a menos mil de nuestros padres.
La tierra giró musicalmente
llevándonos a bordo;
no cesó de girar un solo instante
como si tanto amor, tanto milagro
sólo fuera un adagio hce mucho ya escrito
entre las partituras del Simposio.

EUGENIO MONTEJO