Lo que sigue es un segundo comentario escrito en un diario en red. La entrada que nos propone el blogger al frente de este diario es lo que lleva por título JERARQUÍA y en algún fragmento dice así:

Hay en la naturaleza una jerarquía insalvable (…)

El que se niega, niega su realidad, la envilece y tergiversa, como Sansón u Orión, presentes pero ciegos… Con frecuencia, una rebeldía contra la jerarquía, contra el orden, nos invade. Apresurados, convertimos plomo en oro, encarnamos el mismo centro de la metaforicidad. (continuar leyendo)

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Abuelo y nieto. Doménico Ghirlandaio

‘Anciano con su nieto’ (1480)

– Doménico Ghirlandaio – 

Airuna hago una detención antes de terminar de leerla, ¿de acuerdo? Alguien se muere. Ese muere. Un ser querido: tú más alta jerarquía en el Amor. ¿Le ha sucedido ese trance?

Tú lo dejas vivo esa tarde, no tan diferente a las otras pero en ti algo dice que eso que has dicho, Sentido, es una despedida definitiva; después de una agonía larguísima que ha acabado con todo en esa persona amada… No le explico detalles acerca del Deterioro. En mi caso todas las noches, durante meses, sufro de un miedo como no lo había conocido nunca (y le aclaro que ya había vivido muchos miedos). Soy joven, tengo diecisiete años. Él tiene cáncer de páncreas, y hace casi un año le han dado sólo tres meses de vida. Esa misma tarde, en la que me dan la noticia, la jerarquía autoritaria, mi padre, su hijo, me prohibe llorar. Mi abuelo era el único que me consolaba y nadie puede consolarme de su próxima muerte. Y las lágrimas además han sido penadas, condenadas (en teoría para que no pudieran perjudicarle a él). Pero él, mi abuelo, se salta todos los pronósticos y sobrevive, y sobrevive, un mes y otro… Pero trabajando. Ya jubilado: no sabe hacer otra cosa que no sea trabajar. Guarda barcos en un muelle, lo que puede encontrar un jubilado. Pero él era así, y ahí sí que no hubo quien le hiciera desistir… terco, un hombre muy terco.

Todas las noches yo tengo miedo, mucho miedo, a no volverle a ver. Son noches pesadilla pero llega un día que eso también se acaba. Entonces no sale de casa pero se queda en el salón leyendo un libro muy grueso, sobre su tierra… quiere acabarlo. Un hombre que jamás había leído… Todas las noches yo no soy capaz a dormirme porque me horroriza despertar y encontrármelo muerto, y me da pánico que termine el libro. Todo parece haberse convertido en un presagio de la Muerte. Pero llega un momento, en que ves a tu abuela tan destrozada por el proceso degenerativo de la enfermedad que sabes que si él no se va pronto… probablemente terminará llevándosela a ella con él. Eso lo comprendes, aunque no te guste saberlo. Y sí, es una de las formas, cruel forma, en que la vida continúa…

Retrato de Giovanna Tornabuoni, 1488. Ghirlandaio

Retrato de Giovanna Tornabuoni, 1488

Doménico Ghirlandaio

Entonces esa tarde en que te has despedido. No sé, porque en realidad tú te estás despidiendo siempre; en cada acto, pero algo distinto, las lágrimas asaltándote los ojos te avisan. El llanto te nubla la visión y sales a la calle donde nadie te puede prohibir llorar. Vas ciega, y andas puede que una hora. Pero a la hora tus pies te han regresado a casa, porque los pies saben que se ha acabado la agonía. Y sí, te encuentras la mesa preparada para las firmas dentro del edificio. Regresas a la habitación donde le habías dejado. Y dios mío, eso es la Muerte. Ya no reconoces a tu abuelo. Es tan Desalmado lo que se siente en ese instante, tan atroz. Es un extraño eso. Ese cuerpo ya en descomposición es un extraño, no es nada tuyo. En una sola hora, quizás dos. No lo reconoces. No salvas la Distancia. Y comienza otro miedo. No hablemos de él porque es ridículo pero existió. Da igual, tu abuelo muere pero no mueren los sentimientos. Tus sentimientos por él Viven mientras tú vivas. O sea yo. No usted. Y vivirán siempre. A no ser que uno enferme de alzheimer y olvide… ahí dudo. Porque cuando se deja de reconocer… Tú (hablo de mí) nunca lo has visto, y un cadáver no es un ser vivo. Yo por el cadáver no puedo tener sentimientos.

Sucede que son los sentimientos los que nos acercan a los otros seres. Aunque existen otro tipo de nociones que también nos acercan a otros seres… Entonces, sigamos con los sentimientos, que son (ojo, para mí) el valor más seguro, sueñas con él, porque tu abuelo y tu historia con él, todo lo que habéis vivido, son tú y tu abuelo; a veces suceden las pesadillas. No es real pero son muy vívidas. Lógicamente tu cerebro no se ha muerto. Todavía. Y si sientes que algo te quedó por decir… que hubo algo le prometiste que no cumpliste… Pero todo sigue estando en tu cerebro: el cerebro que permanece aún con Vida. Otros días lo echas mucho de menos y entonces lo rememoras, y lo sientes a tu lado. Y descubres que aunque pasen muchos años puedes convocar todo lo suyo a placer; sí hasta sentirlo como algo protector que no te abandona. ¿Eso es negativo? Algunos nos dirán que sí, que ningún apego es bueno. Yo me limito a explicármelo así: le he interiorizado, y esa es una de mis jerarquías. Él tuvo una nietecita que nunca dejó de ser su nietecita… Y eso existe en alguna parte porque mi cerebro todavía existe. Otros visitarán cementerios. Existe el culto a los muertos… Yo los adoro, por ejemplo. Esa tranquilidad que me sobrecoge cuando paseo con ellos. Algunos son tan bellos. Pero prefiero rendirle culto a mis vivos. Me gustaría hablarle de todo ello esta noche. Pero me temo que no le interesará. Y ya es muy tarde para prolongar más la velada y su agradable compañía (la de todos).

Buenas noches