‘Para unos vivir es pisos cristales con los pies desnudos;/ para otros vivir es mirar el sol frente a frente./ La playa cuenta días y horas por cada niño que muere./ Una flor se abre, una torre se hunde./Todo es igual. Tendí mi brazo; no llovía. Pisé cristales;/ no había sol. Miré la luna; no había playa./ Qué más da. Tu destino es mirar las torres que levantan, las flores que abren, los niños que mueren;/ aparte, como naipe cuya baraja se ha perdido.’

De «Los placeres prohibidos». Luis Cernuda

M�stica

Tal vez eso que algunos erróneamente creyeron Ver, ángeles porque volaban y les parecían transportados por alas…, no fueran sino las visiones místicas de sus propias almas, o la prolongación de aquellas de sus espíritus afines, libres, lejanos y en etéreo vuelo, a los que sus éxtasis les aproximaron. Y tal vez las ciudades invisibles de »Dios» existan más allá de los libros y de la poesía… porque esta vez fui más allá de la poesía y aún existía un Más Allá. Jamás en toda mi vida me había sentido transportada a un Estado del Ser igual al que disfruté instantes antes de hacer aquella llamada en la tarde del sábado. Y sólo espero que pronto pueda regresar. Porque más de un año separada de Ella ha sido demasiada eternidad para tan corta eternidad.

Pero lo que no se me olvidará ya jamás es ese sentimiento de empático hermanamiento con ese hipotético ángel oscuro que fue exonerado, por el vientre del cielo, de los paraísos de la venturosa Luz.