‘Tú haces el silencio de las lilas que aletean / en mi tragedia del viento en el corazón. / Tú hiciste de mi vida un cuento para niños / en donde naufragios y muertes / son pretextos de ceremonias adorables’
– A. PIZARNIK-

Mirada

Es cierto que siento y creo lo que les digo a ellos… lo que le comentaba hace no mucho a AntiSímbolos, cualquiera de estas madrugadas:Estoy sola en el Amor. Me siento en paz. No experimento ningún vacío. Quizás sería agradable, sí, poder meterse a alguien fijo en la cabeza… pero me he pasado mucho tiempo anudando un nudo amoroso a otro, todo con tal de eludir esa ausencia de Ocupación, y descubro que me apetece esta amable soledad’

Creo sí, que lo que ocurra, lo que transcurre, es más puro de este nuevo modo de enfocar lo que para muchos supone un eterno dilema: libertad vs. intimidad. Como ayer…

Paréntesis

Pedimos para comer. Yo una ensalada de cogollos de Tudela muy sabrosa, con sus anchoas y su jamón. A ellos, a Stanislaw O’Toño y a mi amigo ‘el deprimido’ los presenté entre el primer y el segundo plato. Por un instante volví a recordar a AntiSímbolos, porque mi amigo y yo intercambiamos los primeros a la mitad del asalto; cosa que sólo recuerdo haber actuado con él. Y puede que fuera ahí cuando presintiese lo siguiente: si con alguien me he acercado al punto al que deseaba llegar en el Sexo fue con ese hombre, cuando lo transformé en mi hombre Cruel. No sé, también he descubierto, vía Stanislaw, que los demás suelen tener problemas para entender esta forma en que me expreso… o los nombres que digo… Cruel, porque en aquel punto me lo resultaba hasta el hecho de que apartase mi boca de su sexo. Loca, tan loca, en la cama con alguien… sólo llegué a estar con él. Pero eso sucedió en nuestra tercera vez. Y esa era mi aspiración con Justo Beethoven… algo tan inmaterial, como querer condensar la demencia del amor, incluso el de toda una vida, en unas horas… algo tan incomprensible como eso. ¿Renunciar? En absoluto. Ya surgirá si es que debe de ser surgir, con quién tenga que surgir. Probablemente con quien desee lo mismo y luego exprese los mismos mecanismos de defensa. Como ayer…

Recta

El caso es que escucho a mi amigo ‘el deprimido’ (en realidad lo que ocurre es que él aún no la está viviendo pero se intuye o pronostica esa precipitante depresión). El caso es que estoy de acuerdo con Patricia, la ex amiga psicóloga de Klaus, y pienso que mi amigo debería invertir algún dinero (bien ganado o no) en una terapia. El caso es que yo le ofrezco una. El caso es que él rechaza todas las demás y la mía no porque me aprecia. El caso es que yo sé que no se ayuda a quien no quiere ayudarse a si mismo. El caso es que salgo de la bodega de O’Toño dispuesta a acompañarlo a la estación de tren pero que no llego, que le digo: ‘Mira, se ha hecho tarde y no me apetece correr. ¿Ves esta recta tan larga? Pues al final, en nueve minutos está tu tren’. El caso es que regreso a la bodega de O’Toño y a la compañía de Stanislaw. El caso fue que hubo un abrazo que pensé que nunca nos daríamos. El caso es que esta noche no tengo más ganas de hablar. La lluvia ha llegado y arrecia. Y la inclemencia del tiempo ha hecho enfermar a mi enfermedad. Hay vértigo, sí, pero no es precisamente amor lo que esta devota lunática vomita hoy.

Luna sobre el Templo