– JERICÓ –

abril 24, 2007

λ

rosa del desierto

– ¿Por qué estoy tan seca… si estoy tan caliente?

– Eres arena del desierto…

– Hay un Sol que es como un espejo. Y en el que me deslumbran los brillos de mil soles… en expansión… Así me siento arena. Mil soles que son un escudo implacable. No tengo número para eso. Para cada segundo de Sol. Yo que odio el Sol y soy arena del desierto. Yo que amo el dolor de las noches… Porque lo de la Noche, habéis de saberlo, es dolor. Dolor que siente y nos expresa la Noche por no poder conocer el Sol... Las arenas del desierto le hemos hablado tanto de Él… La Noche es una amante desolada… Tanto, tanto, tanto que ansía ese calor… para el frío de su noche. Tanto de aquello que le contamos las ardientes arenas del desierto. ¡Qué angustia! ¡Qué angustia! – gemimos todas. Cada imperturbable grano de las arenas gimiendo. No se puede ser más ínfima, ni importar menos. ¡Qué angustia! ¡Que angustia que la Noche no dure eternamente – con lo que nos escucha la Noche– y tengamos que volver a ese despiadado señor!

Las arenas del desierto creen que el dios del cielo es terrible. Porque para ellas ese disco devastador es un tirano. Un tirano que las atormenta todo el día… Ellas… que son todo ondulaciones como las de las sedas afganas..

– Ellas que son todo seducción. Hechas de trazos irregulares, como flores en un jardín. ¡Cuéntame el cuento de la Flor en el desierto! ¡Cuéntame el cuento de la Flor en el desierto! … Yo quiero ser una rosa en el Desierto. Quiero un cuento donde yo sea una rosa que nace en el Desierto...

– Las arenas envidian a la rosa porque la rosa ama al sol, y es inmune a la atrocidad de él. Es su propiedad mágica..

– La rosa era feliz con el Sol… en un lugar geográfico donde el sol tiene miles de enemigas; porque las arenas no aman a la rosa. La rosa es… una desposeída de las arenas. No tienen sentimiento de pertenencia con ella. Las arenas no comprenden a la rosa. No entienden por qué ni cómo llegó hasta allí. Las arenas tienen la memoria del desierto. Y el desierto no tiene memoria. La dimensión del desierto son las arenas…

– Uno se pierde en el desierto. Uno que no sea descendiente del desierto.

POLICE, ‘Tea in the Sahara’

– Yo vivo buscando la duna de una leyenda. En la duna murieron tres hermanas. Yo era pequeña. Cuando me contaron esa historia. Pero me pregunté que era aquello que ellas habían sentido y yo no. Crecí preguntándome eso, qué las hizo ir tan hacia el Sur … cómo de guapo tenía que ser aquel hombre que les hizo el amor – qué sería eso del amor -.. para que las tres se enamoraran de él… Siempre desee conocerlas y preguntárselo, porque yo también vivo en un país donde los hombres son muy feos, tan feos como lo eran aquellos del país en el que ellas habitaban…

– Luego una caravana de mercaderes sirios las encontró. Muertas. Frente a sus tazas de te llenas de la arena del Sahara. En la cima de una duna.

– Las hermanas también odiaban al Sol. No tanto al principio como las arenas pero luego cuando se acabó el agua sí.

– Sus torturas eran lentas. La agonía insufrible…

– Como las hermanas tenían mucho amor en el cuerpo la esperanza por hallar al amado era muy grande y eso les hizo presentar mucha resistencia a la muerte por el Sol. La Noche no era mejor para ellas entonces, era perpetrante el frío. Pero la esperanza aún las cubría. Sobrevivían a la Noche arropadas por su esperanza y el recuerdo del cuerpo del hombre guapo que las había amado..

– Es igual, murieron. Estaban condenadas a morir. La esperanza nunca es suficiente contra el tú a tú de la realidad.

– ¿Pero y la rosa?

– La rosa era una rosa de Jericó. Procedía de Siria y viajaba a través de las corrientes del viento. Creo que iba en busca de las riberas del Mar Rojo… o quién sabe si tal vez de algún profeta loco que agradeciese beber al alba de sus pétalos…

ROSA DE JERICÓ

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