NO SON BARRITOS

septiembre 4, 2006

– xv –

Estoy con Tom Waits ‘Cold Cold Ground’. Y en algún momento me escucho hablar en esas grabaciones de cuerpos que se ofrecen en ‘ciertas condiciones’. Quiero decir que no me atraen las clausulas con acotaciones al margen, que conmigo no hacen falta, que ya sólo me provocan ganas de regurgitar; ni el romanticismo ‘sine qua non’, y eso lo mismo, ‘ni aquel mira cuan de sentimientos soy’ pero donde a la larga somos sólo putosfraudes, que no un putoamor, ¿o sí? Si es que yo ya no me creo nada y después de ti mucho menos. Es que me joden las estrecheces, y me joden las mangas anchas cuando a mí me conviene pero eso tú, claro, no lo veas así. Y me joden, ¿cómo no?, mis jodidos resabios pero cómo explicarlo, no me joden nada cuando me libran de ese te paso la mano por encima porque tú ya sabes qué… No joder, yo no sé nada y tampoco lo quiero saber pero amigos no somos. No te vayas a confundir. Voy al minuto y no me divierte pescar peces de mentira en barreños de juguete. ¿Será porque amo a los osos polares que follan sobre un colchón? No quiero apéndices ni magos. Aunque tú, tú. Tú eres otro asunto. Será porque te callas porque quieres y no porque tengas algo que ocultar. Vif la naturalidad.

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No sé. Es difícil de explicar si tú no estuviste allí conmigo. Pero seguro que él sí, porque me refiero a lo que poco interesantes que ahora también me resultan a mí los juegos de poder. Qué tediosos. Estoy contigo. Y aunque yo todavía no los ‘biensepadescubriralaprimera’. Un dos tres al escondiente inglés. Eso me pasa. Eso y este jodido calor. Y un corto de Isabel Coixet: ‘Hay motivo: la insoportable levedad de los carritos de la compra’. Y por qué las ancianitas ya no se tiñen el pelo y van todas con la cana al aire que da pena (¡Qué da pena! Con lo sanas que son las canas, coño, si sobre todo son al aire!). Y por qué un kilo de tomates, depende de donde, ronda el talego. Carritos de la compra mutilados de hortalizas. Eso era todo lo que observaba el pavo. ¿No habrá mejores cosas de las que hablar en un corto de cerveza? Como si no tuviera ya bastante con mi madre obesa. Y hortalizas pero de otra manera, o especies, el tomillo, el orégano, como defensas Caro-Kann. Eso sí que me gustó. Eso es inteligencia y labios finos en hombre de piel transparente, de aura transgénica. ¡Oh la inmortalidad! Pues anda y que te den mucho por el saco, payasa. Haz gárgaras. Y luego, o ayer, o antes lo intenté con Leolo pero será por el sudor que no fui capaz. Leolo es seguro para la pantalla del televisor del salón y no para este caprichoso portátil, que en el más agudo gemido o en aquella convulsión se me queda sin batería cuando le sale de los nabos de Dios. Y lo del Léolo de Lauzón no era cagar, no señor. Porque mire usted…

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Y de Nelly Sach no salvo nada, a no ser esos cuatro versos que le envié a él en ese mensaje ayer:

‘Tras los labios espera lo indecible/ tira de los cordones umbibicales de las palabras…//’

Y seis notas intrigantes que se me vuelan y en las que todas está escrito ese mismo teléfono. Por ejemplo: ‘No hasta que sepas qué quiero Dentro’. O ‘¿qué te parece el 29 de septiembre?’. O ‘Estoy segura de que tú polla no se olvidará de mi coño’. Y sí, será divertido regresar a la biblioteca y buscar a Saramago, o a Biedma, o a Rulfo, o Navokov y por supuesto esa novela de Bolaño ‘2066’ y dejarlas caer.

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¿Lo que escuchas? Adivina. Pero no es un barrito. Y deja tu trompa quieta. No está bien chiscar a los niños desde tu azotea

ELEFANTE